Add to Technorati Favorites fornicio poliandria: Poliandria con historia

sábado, 1 de marzo de 2008

Poliandria con historia

En este bonito blog, encontramos otro artículo muy interesante sobre la poliandria y el fornicio.
Espero que os guste. Aunque pasaros por el blog EL KOSMONAUTA DEL AZULEJO que está muy bien.

Muchas mujeres de una región remota de la India protagonizan una ancestral costumbre en vías de extinción: la poliandria. Los hermanos varones aceptan compartir esposa para no dividir la tierra familiar

Taro tiene 36 años y está casada con los hermanos Musha, de 45 años, y Dalau, de 37. Juntos tienen cuatro hijos. Sentada con las piernas cruzadas en el suelo de su casa y fumando un cigarrillo casero, cosa que las mujeres sólo pueden hacer en su aldea, Laxmi se ríe a carcajadas. Tiene 40 años y tres maridos... Hemos llegado a un lugar conocido como El Interior, una zona extensa y tranquila en el corazón del Himalaya. Ésta es una de las últimas regiones del mundo donde persiste la antigua práctica de la poliandria, el matrimonio de una mujer con varios hombres, casi siempre hermanos.


Kuwanoo es una de las aldeas más grandes de la zona; se encuentra a unos 100 kilómetros de la ciudad india de Dehra Dun, antiguo bastión Raj que presume de selectos colegios públicos y prestigiosas instituciones gubernamentales. El silencio de las montañas es como un bálsamo después de experimentar el ritmo frenético de la ciudad, donde los coches y las motos de miles de indios en vacaciones se abren paso a golpe de claxon por estrechas calles.

Los habitantes indios de Kuwanoo y de otras aldeas remotas de la zona sobreviven gracias a una agricultura de subsistencia.Miembros en su mayoría de las castas altas brahmin y rajput, y de la casta inferior kolta, forman parte de Jaunsar Bawar, región tribal situada en el extremo noroccidental del Estado indio de Uttar Pradesh. Aquí, en una sola ceremonia una mujer puede contraer matrimonio con todos los hijos de una familia.En esta región del Himalaya los hermanos comparten esposa para mantener unidas las tierras familiares.

La vida es excesivamente patriarcal y durante generaciones las familias que practican la poliandria han convivido en armonía junto con las monógamas. En ambos tipos de matrimonio a la mujer le toca la parte del león en las labores agrícolas, la crianza de los hijos, el cuidado de la casa, y además debe asegurar la satisfacción sexual de sus maridos. Pero incluso mujeres, como Drashni Sharma, de 32 años, que vive feliz con varios compañeros, reconocen que las cosas están cambiando muy rápidamente.

Drashni sonríe, cansada. Su piel cobriza se extiende sobre sus pómulos salientes y ya comienza a arrugarse alrededor de sus ojos claros. «Somos la última generación. Sabemos que este sistema ya no es común en la sociedad».

Ella y sus maridos, Narayan Singh Sharma, de 48 años, y el hermano de éste, Surat Singh Sharma, de 35, viven en una de las altas casas de madera y paredes encaladas que fueron construidas hace cientos de años. Desde lejos parecen chalés alpinos. Aquí el paisaje recuerda los dibujos de los niños, formados por bloques de colores intensos. Las montañas están cubiertas de una deslumbrante vegetación verde, el cielo es de un azul profundo, e incluso las gallinas y las cabras tienen plumas y manchas de colores primarios.

Subimos a la vivienda por una escalera de madera encerada hasta la terraza central, que es también zona de estar. La escalera es muy empinada. Los peldaños, fabricados con troncos partidos por la mitad, parecen diseñados para pies finos y pequeños. Todos, desde los niños de dos años hasta los ancianos de 80, se deslizan con paso de felino. Nosotros, calzados con botas voluminosas, ascendemos con dificultad. La terraza está abierta en dos flancos en esta región no se utiliza el vidrio , y a la derecha y la izquierda hay habitaciones, todas vacías e iluminadas apenas por algunas ranuras en el techo. No hay electricidad ni teléfono, y el único confort moderno es la fuente en el centro de la aldea que trae agua de un arroyo de las montañas.

Los hermanos que practican la poliandria deben casarse con una mujer de otra aldea para evitar el peligro de la endogamia. El padre de Narayan y de Surat visitó a Drashni, que vivía en una aldea a 20 kilómetros, para pedirle que se casara con sus dos hijos. Drashni, que en aquel entonces tenía 14 años, conoció a los hermanos, le resultaron de su agrado y contrajo matrimonio con ambos poco después.

Los siete hijos producto de la relación triangular, seis niñas y un niño, con edades comprendidas entre uno y 13 años, están en el interior de la casa. Narayan mece a Rinki, de un año, en su regazo. Los niños no tienen ni idea de quién es su padre biológico, y aun en el caso de que pudieran hacerse una prueba de ADN no estarían interesados.

«Tengo dos padres y para mí son iguales», dice Kanta, de 13 años.«Nunca he pensado en cuál de ellos me ha hecho». Un hecho también insólito en la familia occidental es la notable diferencia de edad que puede haber entre el mayor y el menor de los hermanos que se casan con una misma mujer. En algunos casos el menor de una familia puede tener un hijo comunal (cuyo padre es su hermano mayor) de su misma edad.

Aunque ninguno de los tres miembros de este matrimonio proviene de una familia poliándrica, los hermanos Sharma decidieron compartir esposa principalmente para conservar los lazos fraternales. Mantener unida la tierra era un factor secundario. «Creemos que el amor fraternal se pierde cuando dos mujeres separan a los hermanos. El amor entre los hermanos es más importante que el amor entre un hombre y una mujer; es más importante que todo», sostiene Narayan.

Drashni asegura que ama a ambos hombres por igual y que está contenta de poder mantener la unidad familiar. «Es bueno para mí, y es bueno para los niños tener a Narayan y a Surat de padres.Cuando Narayan está fuera Surat me hace compañía y los niños tienen otro padre que puede cuidarlos. Somos una familia como otra cualquiera, con la excepción de que hay tres padres en lugar de dos».

En la India las comunidades poliándricas explican esta práctica remontándose a la antigüedad. Dicen que el cuento del Mahabharata, en el que la diosa Draupadi se casa con cinco hermanos Pendava, es el fundamento histórico de sus costumbres. En teoría, la Ley Matrimonial de 1956 y la Ley de Sucesiones, del mismo año, prohibieron la poliandria. El Gobierno concedió a los habitantes de Jaunsar Bawar el estatuto de tribu en 1967. Son ciudadanos indios, pero en muchos casos se les ha permitido practicar la poliandria.

Algunos aspectos de la vida en esta región les podrían parecer maravillosos a los occidentales hastiados de su cultura. Nuestro guía, Kunal Rai, nieto del jefe de aldea Ratan Singh Chauhan, nos dice: «El aire de aquí es 100% oxígeno, no hay coches, ni productos químicos ni residuos de plástico que asfixien la tierra.El estiércol es el principal fertilizante. Aquí todo crece en la tierra y de una u otra forma regresa a la tierra».
Pero la vida diaria en la aldea es dura y monótona. Drashni anhela sacar a su familia de las montañas. «Tenemos que trabajar desde al alba hasta el atardecer sólo para tener suficiente comida.Si alguien sufre una herida hay que andar un largo camino hasta el hospital más cercano. Sueño con que algún día vivamos en una casa grande lejos de aquí, con mucho dinero y tierras. Nuestros hijos asisten a la escuela de la aldea, y puede que no tengan que pasar tantas penalidades».

LA FAMILIA UNIDA
A pesar de que la vida en la aldea es agotadora, muchas de las mujeres que mantienen relaciones poliándricas como Drashni, no se quejan, pues están seguras de que su vida sexual mantiene a la familia unida. El hermano mayor, el que tiene en este aspecto más privilegios, es también responsable de que los que le siguen en edad reciban su ración de satisfacción sexual.
Aunque una mujer puede tener tantos compañeros sexuales como cuñados, si comete adulterio, en el caso poco probable de que disponga de tiempo, energía y deseos tras pasar 18 horas al día cumpliendo con sus obligaciones en la cocina, el campo y la cama, es expulsada inmediatamente de la comunidad.

Según el profesor Vijay Sishaudhia, que lleva casi 30 años estudiando la poliandria en el Himalaya, la alternancia de compañeros sexuales parece estar bien organizada, al menos en los matrimonios de las castas más altas. «Es costumbre dejar los zapatos a la entrada de la casa. Si el hermano joven ve los zapatos del mayor junto a la puerta sabe que no debe entrar, porque seguramente estará acostado con su esposa. En este caso se va a dormir a otra casa de la aldea». Una de las desventajas de compartir esposa es la alta incidencia de enfermedades de transmisión sexual, explica el profesor Sishaudhia.«A la gente le cuesta reconocerlo, pero se están registrando muchos casos de sífilis y gonorrea en los centros sanitarios de la región. Los hospitales deben mantener grandes existencias de penicilina para tratar estas enfermedades».

Laxmi Singh, de 40 años, no parece padecer dolencia alguna. Es quizá una de las más entusiastas defensoras de la poliandria.Cuando se ríe a carcajadas, con un cigarrillo en la mano, su enorme constitución se estremece. «Tengo tres maridos (Surat Singh Sharma, Bhaaddur Sing Sharma y Paatira Singh Sharma), y me parece estupendo», dice con su risa estruendosa, guiñando un ojo con picardía. «Los quiero a todos por igual y no tengo preferencias por ninguno, pero es una antigua costumbre. Ya se está perdiendo».
Laxmi y sus esposos tienen siete hijos, de entre ocho y 25 años. Cinco de ellos están ya casados, y todos se han decidido por el matrimonio monógamo. «Ya nadie quiere compartir maridos y esposas. No podemos obligar a nuestros hijos a adoptar nuestro estilo de vida, pero la monogamia está causando muchos problemas antes inexistentes. Los hermanos se tienen envidia y por primera vez hay conflictos que dividen a las familias. Me encanta la vida aquí porque hay menos egoísmo del que se ve en los pueblos y las ciudades. Trabajo mucho más que mis esposos, en la casa y en los campos, pero creo que así debe ser. El final de la poliandria supone que la vida se parece cada vez más a la de las ciudades.En otra época todos obedecían al hermano mayor. Ahora...».

El gozo de vivir que expresa Laxmi está ausente en Taro, de 36 años, casada con los hermanos Musha y Dalau, de 45 y 37 años. Aparenta 20 años más de los que tiene, y las arrugas alrededor de los ojos y la boca hablan de muchas penalidades. Los tres pertenecen a la casta baja kolto y viven a las afueras de la aldea. Tienen cuatro hijos, con edades de entre nueve y 18 años, y todos viven en una choza de una habitación atiborrada de camas, utensilios de cocina y ropa deshilachada que cuelga de las paredes. No hay colores. Todo tiene aspecto de sucio.
Musha se apresura a responder todas las preguntas que dirigimos a Taro. «A los hermanos nos resultaba muy costoso casarnos con una mujer cada uno, por tanto decidimos compartir a Taro. Ella está contenta con este arreglo porque comprende las circunstancias», afirma Musha. Taro permanece con la vista baja, de modo que es imposible confirmar si su esposo dice la verdad.

Mientras las familias de las castas altas se aseguran de proteger la intimidad de la esposa y el marido durante la noche, las familias de castas bajas no lo hacen. «La unión entre Dalau y yo es más fuerte que nuestros lazos con Taro», dice Musha con toda tranquilidad.«Nuestra relación es mucho más importante. Todos vivimos y dormimos juntos en la misma habitación. Dalau y yo nos turnamos para dormir con Taro y los niños nos quieren a ambos por igual. Ellos no conocen otra forma de vida».

De vuelta a la aldea, en el sector de la casta alta, la gente está sentada tranquilamente en sus terrazas contemplando las inmensas y calladas montañas y las franjas rojas del atardecer en el cielo. Nuestro chófer hace lo mismo, apoltronado en el coche. No sabe si solicitaremos sus servicios dentro de tres horas o tres días, pero no le importa y tampoco se molesta en preguntarnos. La gente permanece en silencio, pero da la sensación de estar meciéndose al compás invisible de las montañas, en una espera indiferente.

Ratan Singh Chauhan es fundador y secretario general de la zona tribal Lok Kala Mandar Jaunsar Bawar. Su matrimonio es monógamo.Su casa es la más grande de la aldea y, al igual que todas, carece de muebles, a no ser una serie de esteras extendidas en el suelo que sirven de sofá y cama, y de un impresionante juego de cazos y sartenes de hierro. Está sentado, con las piernas cruzadas, en el suelo con su mujer, que lleva el traje tradicional de la región, túnica de colores vivos, falda larga negra y un pañuelo atado con un complejo nudo en la nuca.

Ratan sonríe con tristeza y de repente asoma su único diente, que asienta en el carnoso labio inferior. «Aquí todo está cambiando, la cultura está desapareciendo. Es una vida dura y la gente de ahora quiere algo diferente. La poliandria está desapareciendo.En cierto sentido es bueno, pero en otro no».

La luz se va pronto en estas tierras. Con el rostro apenas visible en la penumbra, bajo la luz difusa de una lámpara de aceite, Ratan se encoge de hombros y reconoce que las aldeas bajo su control viven cambios irreversibles. «Ahora se abren al mundo y prefieren la monogamia. Conforme la gente va recibiendo más educación en la escuela se niega a quedarse y llevar una vida tradicional. Se trasladan a las ciudades y la tierra se divide cada vez más, pues los hermanos han dejado de compartir mujer.El conocimiento y la educación es posible que aceleren la desaparición de nuestras tradiciones. Y nadie sabe qué traerán estos cambios».

DE CANARIAS A LOS POBLADOS ESQUIMALES

Como dicen los habitantes de la aldea de Kueanoo y alrededores, en el Estado de Uttar Pradesh, la poliandria es una costumbre en vías de extinción. Y no sólo en su zona. Según algunos antropólogos, fue una de las formas de asociación matrimonial que rigió la larga época prehistórica del matriarcado, y estaba condenada a desaparecer desde que las mujeres comenzaron a perder autoridad en las tribus humanas. En la actualidad, la posibilidad de que una mujer pueda llegar a tener varios maridos simultáneamente se da en escasos lugares del planeta. A saber: diminutos enclaves del sur de la India, Nigeria, en el sur de Australia y en algunos poblados esquimales. También en algunas zonas de Filipinas. En las mayoría de los casos, los maridos de una mujer no suelen estar emparentados. Históricamente la poliandria existía entre los bretones, los árabes primitivos, los hotentotes africanos, los aborígenes de América, los habitantes primitivos de Canarias, Ceilán y Nueva Zelanda.
Fuente: Diane Taylor

1 comentario:

HIPATIA DE ALEJANDRÍA dijo...

Pues pásate tú de vez en cuando, y no te mantengas a la sombra.

Un saludo